“Excmo. señor.—Habiéndome concedido permiso el soberano Congreso para salir en persecución de los asesinos del más distinguido de nuestros mártires C. Melchor Ocampo, tengo la honra de ponerme á las órdenes de V. E. para que me ocupe en el servicio de campaña, sin que le sirva de embarazo la alta gerarquía de mi empleo militar, que no conservo sino como título de estimación del Supremo Gobierno. De consiguiente, quede V. E. entendido que no desdeñaré ir á la cabeza de un cuerpo de caballería y aún de una compañía de dragones bien montados y armados, sujeto á las órdenes de cualquier jefe á quien el Excmo. señor Presidente tenga á bien encomendar la dirección de las operaciones.
“Asimismo, deseo que ese ministerio sepa que me considero libre, no obstante mi carácter de general de división, para disponer de mi persona y agregarme como guerrillero á cualquiera fuerza de las que se pongan en movimiento; pues quiero que no sea una quimera el permiso que tengo de salir á batirme como soldado del pueblo, y obro bajo la inteligencia de que sólo el soberano Congreso me puede retirar ó limitar su licencia y llamarme de nuevo á esta capital.
“Díguese V. E. dar cuenta con esta nota al Excmo. señor Presidente, y sírvase aceptar las protestas de mi consideración y respeto.
“Dios, libertad y reforma.—México, Junio 6 de 1861.—Santos Degollado.—Excmo. señor ministro de guerra y marina.”
[13] Esta biografía es el resultado de una serie de entrevistas con los generales Nicolás Medina, Felipe Berriozábal, Mariano Escobedo, Miguel Blanco, Refugio I. González y los señores Benito Gómez Farías, Mariano Degollado, hijo del héroe, y Julián de los Reyes; todas personas muy respetables que trataron en la intimidad á don Santos Degollado. Ahí están para que digan al que llegue á dudar de la exactitud de algún diálogo, ó anécdota, si digo la verdad. He procurado repetir lo más fielmente posible lo que me han platicado.
[14] Con este motivo, alegándome el general Félix Zuloaga que no había tenido ningún participio en la muerte de Ocampo, y sí en la de Leandro Valle, agregaba:—“Juzgue usted lo que era yo cuando Márquez: Estando en Ayutla, un señor Cortina, español, me cobraba por hacer estado en su casa y por asistencia: le pedí dinero á Ismael Piña, que era tesorero, y lo negó.—Pero, hombre, le dije, ¿me niega usted á mi que soy el Presidente?—Sí, me contestó, porque no tengo orden de Márquez.—Pero, ¡si soy el Presidente!......
“Y me quejé á Márquez.”
[15] He tenido en mis manos el autógrafo de esta orden, la cual me permitió copiar al pie de la letra, mi amiga, la señorita Emilia Beltrán y Puga, hermana de don Manuel, que pasé por las armas á Leandro del Valle.
[16] Agustina Valle, su hermana.
[17] Dice el general Miguel Negrete en sus “Memorias,” inéditas aún: