“Este hecho de armas sólo al Supremo Gobierno y á V. E. toca darle el valor que merezca. Voy á hacer mención particular y honorífica del teniente Rangel del 4.º de caballería, á quien he ofrecido, á nombre de S. M., el ascenso á capitán, pidiéndole la cruz de caballero de la Orden de Guadalupe; porque este valiente, con 20 hombres de su cuerpo, ha penetrado hasta la plaza, y es el que, por decirlo así, ha dado este triunfo á las armas del imperio. El subteniente Navia del batallón del emperador, con 8 hombres, ha seguido su ejemplo: pero á este oficial no le he ofrecido nada por ser de mi batallón. Oportunamente daré á V. E. la relación de estos dos oficiales y de la tropa, para que si V. E. lo tiene á bien á estos valientes se les conceda lleven un distintivo sobre su pecho, para estímulo del ejército.
“Felicito altamente á V. E. y le suplico tenga á bien hacerlo á mi angusto soberano, por esta memorable jornada.
“Y lo transcribo á V. E. para su conocimiento.
“Dios guarde á V. E. muchos años.—El coronel Ramón Méndez.—Excmo. señor ministro de la guerra.—México.”
Es copia.—El subsecretario de guerra, J. M. Durán.
[22] Un militar afirma que el ejecutor de la sentencia de muerte fué el teniente Teodoro Quintana, cuyo pelotón de tiradores fué escogido entre la compañía de Zapadores que mandaba el entonces capitán Francisco Troncoso, quien era secretario particular del general Ramón Méndez y tuvo todo su cariño y toda su confianza.
El señor Quintana es hoy teniente coronel de caballería, y el señor Troncoso, general de brigada.
[23] Los datos de esta biografía han sido ministrados á su autor por la señora Trinidad A. de Gutiérrez, hermana de Arteaga, y los señores José María Pérez Milicua, Manuel García de León, Rafael Cano, Francisco de P. Troncoso, Amado Rangel, Jacinto Hernández y Juan Ruiz de Esparza, todos militares, á excepción del último, que figuraron en aquella época, unos como liberales y otros como imperialistas.
[24] He aquí las cartas de despedida de Salazar y Villagómez:
Uruapan, Octubre 20 de 1865.—Idolatrada madre: Son las siete de la noche y acabamos de ser sentenciados el general Arteaga, el coronel Villagómez, otros tres jefes y yo. Mi conciencia está tranquila; bajo á la tumba á los treinta y tres años, sin que haya una sola mancha en mi carrera militar, ni el menor borrón en mi nombre. No llores, mamá, ten conformidad, pues el único delito de tu hijo consiste en haber defendido una causa sagrada: la independencia de su patria. Por este motivo se me va á fusilar. No tengo dinero, porque nada he podido ahorrar. Te dejo sin recursos, pero Dios es grande y te socorrerá lo mismo que á mis hijos, quienes con orgullo llevan mi nombre......