En 1858 volvió á desempeñar el mismo ministerio, siendo presidente el Sr. Juárez, y en 1859 y 1860 estuvo encargado al mismo tiempo de los ministerios de Guerra y Hacienda. Fué en esta última época cuando desplegó Ocampo toda la energía de que era capaz, y participando de los inconvenientes y peligros de toda la época tormentosa de la guerra de la Reforma, firmó en Veracruz el célebre manifiesto del gobierno constitucional, y las leyes se expidieron una tras otra hasta completar la serie de providencias y circulares necesarias para consumar la obra que había costado tanta sangre y tantos trastornos en los últimos años.
IV
Triunfante el gobierno del Sr. Juárez, volvió con él á México el Sr. Ocampo; pero á pocos días fué organizado otro Gabinete, y el infatigable Ministro de la Reforma, sin ninguna aspiración, sin llevar un solo peso, sin pretender, y antes bien rehusando todas las posiciones que se le brindaron, se retiró á su hacienda de Pomoca, donde se ocupaba de poner en orden sus negocios, y en cultivar sus hermosas flores, que fueron el encanto de su vida.
Llevó á su hogar sus manos limpias. Ni el dinero ni la sangre les habían impreso algunas de aquellas manchas que, como dice Shakespeare, no pueden borrar todas las aguas del Océano.
Los restos del ejército reaccionario, pasados los primeros momentos, volvieron á aparecer con las armas en la mano; y en la República, que por un momento pareció tranquila, volvió á aparecer la guerra civil.
En la hacienda de Arroyozarco había un español llamado Lindoro Cajiga. Por motivos más ó menos fundados, que no es del caso calificar, se separó del servicio de los Sres. Rosas, y reuniéndose con una colección de hombres desalmados, formó una de esas temibles guerrillas que han sido el espanto de las poblaciones pequeñas y de las haciendas de campo.
Un día, el menos pensado, se presentó Cajiga en Pomoca y encontró á Ocampo desprevenido, inerme, confiado y tranquilo, en medio de sus hijas y de sus sirvientes. Bruscamente le intimó que se diera por preso; y á pie, y según se dijo con generalidad, tratándole de una manera indigna, le condujo hasta donde había una fuerza mandada inmediatamente por D. Leonardo Márquez, y que también estaba á las órdenes de D. Félix Zuloaga, que se decía Presidente de la República. Lindoro Cajiga obró de su propia cuenta, ó fué enviado expresamente por Márquez ó Zuloaga? El caso fué que, apenas este hombre respetable cayó en manos de estos jefes militares, cuando determinaron que fuese fusilado.
Ocampo no suplicó, no pidió gracia, ni aun algunas horas para disponer sus negocios; recibió con una completa calma la noticia de su próximo suplicio.
Pidió únicamente una pluma y una hoja de papel, y escribió, en pocas líneas, el testamento que ponemos á continuación, con una mano tan firme y un carácter de letra tan regular y tan correcta como si en medio de su vida tranquila del campo hubiese estado describiendo las maravillas de la naturaleza.
Fué fusilado y colgado en un árbol el día 3 de Junio de 1861, frente á la hacienda de Caltengo.