«Tan grande fué mi sorpresa que dejé caer el cuchillo que llevaba aun en la mano, y que no me había acordado de poner en su lugar.
«El nombre del Santo Tribunal heló mi sangre; llegaba en el momento en que iba yo á cometer un crímen; me parecia que Dios lo enviaba para castigar mi intencion, que en el rostro iban á conocer mis pensamientos.
«Inmóbil permanecia como clavado en la tierra, cuando aquella voz repitió desde afuera:
—«Abrid á la Inquisicion, abrid al Santo Oficio.
«Volví entonces en mí, y corrí precipitadamente al cuarto de mi amo que habia ya despertado, y que encendiendo luz habia comenzado á vestirse.
—«¿Qué hay, Teodoro?—me preguntó.
—«Señor, señor, el Santo Oficio.
—«¡El Santo Oficio!—dijo dando un salto de la cama.
—«Sí, señor, sí, señor.
«Se levantó precipitadamente y tomó la luz.