«Aquella noche habia junta en la casa desierta de Don José, y yo por acompañar á mi amo no habia podido asistir.
«Casi á media noche se retiró mi amo de palacio, y me causó estrañeza encontrar las calles llenas de patrullas de vecinos armados, que hacian la ronda con los alcaldes y corregidores.
«Doña Beatriz esperaba á su tio con gran cuidado, habia sentido tambien el rumor y estaba pesarosa de su tardanza.
—«Cuánto cuidado—le dijo saliendo al encuentro—he tenido por vos.
«Ya lo suponia yo, hija mia—pero no era posible otra cosa; todo se ha descubierto esta noche.
—«¿Y cómo?
—«Ahora te contaré; retírate Teodoro.
«Yo me retiré, y mi ama y su tio se encerraron en su aposento. Como todos dormian ya en la casa, pude sin temor acercarme á la puerta cerrada y percibir la conversacion, porque adentro hablaban alto.
—«Esto ha sido providencial—decia Don Juan Luis de Rivera.—¡Por estraños caminos dispone la Providencia cumplir sus designios!
—«¿Pero cómo ha estado eso?—preguntaba mi ama.