—Señor, que vengo á noticiarle á su señoría, que están tirando las casas de su señoría, en la calle de las Atarazanas.

—¿Tirándolas? ¿y quién? ¿cómo?

—¡Una multitud de trabajadores!

—Es imposible—decia Don Alonso—si ayer á las tres dió órden el virey de suspender las obras.

—Pues no lo dude su señoría, que yo lo he visto, y quizá para esta tarde no quede una pared en pié, segun lo recio que se trabaja.

—Bien, ¿y quién os mandó á anunciármelo?

—Nadie, señor, yo que creí que el aviso seria útil á su señoría.

—¿Y quién dió la órden de comenzar?

—No lo sé, pero los trabajos empezaron al llegar allí el señor Oidor Quesadas.

—El Oidor, siempre el Oidor.