—Mirad—dijo la vieja al llegar al lugar en que habia predicho la muerte del Oidor—una dama muy principal vendrá esta noche á ciertos negocios; vos os ocultareis allí, detrás de esa puertecilla, venid á ver; en esta jaula está un chivo negro, cuando lo oigais evocar dadlo libre; y cuando vuelva á vos, encerradlo otra vez, y lo mismo hareis con este gato negro.

—¿Y es todo?

—¿Os parece poco?

—No.

—¿Entonces?

—Entonces, es decir que esta noche os voy á ayudar en vuestras burlas.

—Callad, ó me hareis arrepentir de que os haya ocupado: llamais burla á que os encargue abrir su prision á mis familiares.

—¿Son estos vuestros espíritus familiares?

—Lo son; pero escuchad.

Se oyó llamar á la puerta de la calle.