—Es una desaparicion milagrosa, y á propósito de desapariciones: ¿y aquella vuestra famosa viuda?

—¿Cuál?

—Luisa, la muger que fué de Don Manuel de la Sosa.

—Con gran cuidado me tiene su pérdida, y el no haber sabido mas de ella.

—¿Tanto así la amábais?

—No es precisamente por amor por lo que me preocupa, sino por otra cosa que ocultaros no debo, tanto porque entre nosotros no debe ya de haber secretos, cuanto porque en esto necesito de vuestra ayuda y consejo.

—¿Qué es, pues?

—Mirad: yo tenia, como sabeis, amorosas relaciones con Luisa desde hacia ya muchos meses, cuando su marido murió: entónces me exijió Luisa para continuar en ellas, que le firmase formal promesa de matrimonio.

—A lo que vos por supuesto os negasteis.

—Por el pronto negueme; pero la violencia del deseo de saber un secreto importante, que á precio de aquella firma me ofreció Luisa, me obligó á condescender, y dí por escrito la promesa.