El estudiante que le habia hablado dió un silbido con un pito de oro que colgaba de su cuello y luego toda la estudiantina se rodeó de él y se organizó como una tropa á cuya cabeza iba el que habia silbado.

Así se dirigieron hasta el estrado principal en que estaba Don Pedro con su esposa, rodeado de las principales damas y caballeros de la reunion.

Los estudiantes se colocaron frente á los nuevos esposos, tocando y cantando alegres endechas. Todo el mundo reia y palmoteaba.

De repente pitos y panderos y cantos cesaron como por encanto, y el estudiante que hacia de jefe se dirigió cortesmente á Don Pedro para dirigirle, á lo que parecia, una arenga.

Como todo lo gracioso se esperaba de aquella comparsa, aun de los otros salones llegó gente para escuchar.

El aposento estaba lleno. Todos los estudiantes tenian la mano derecha metida en la abertura del pecho de su ropilla.

—«Señor Don Pedro de Mejía, muy señor nuestro»—dijo el estudiante haciendo una ridícula caravana que hizo reir á todo el mundo—«Esta estudiantil comparsa que con mano firme dirijo y guio, me comisiona para felicitaros por la eleccion de una esposa que llamarse puede, bella entre las bellas, y se huelga de ver elevada á vuestro tálamo á la hermosísima Luisa esclava de Don José de Abalabide, que confiscada por el Santo Oficio con todos los bienes de su amo, huyó á pasar como muger de Don Manuel de la Sosa á quien envenenó; á la preciosa querida de Don Cárlos de Arellano, de cuyo lecho ha huido para venir á daros su mano; á la compañera de la bruja Sarmiento por muchos años.»

—Por muchos años—repitió la comparsa.

La concurrencia estaba atónita y nadie se atrevia á hablar. Don Pedro hizo un impulso para lanzarse sobre el estudiante, pero en aquel momento todos ellos sacaron de dentro de sus ropillas un puñal, y aquella falanje de cuarenta hombres, todos decididos, atravesó poco á poco en medio de la concurrencia, llevando todos en la mano el puñal desnudo.

El que cubria la retaguardia era Teodoro.