—¿Vais á la casa de Teodoro?
—¿Por qué me lo preguntas?
—Es porque acaba de ser ocupada por una multitud de gente que todo lo embarga y todo lo registra.
—¡La Inquisicion!—esclamó Don Cesar preocupado.
—No señor, son gentes de justicia que han llegado en nombre del virey.
—¿Y Teodoro?
—Nada sé, sino que tienen presos á cuantos han sido encontrados en la casa y aun están allí.
Desprendióse violentamente Don Cesar de aquel hombre y se dirigió á la casa de Teodoro; si no era el Santo Oficio y sí gentes del virey, Don Cesar nada tenia que temer y podria salvar á Blanca y á Teodoro en el caso de que estuviesen allí.
Pensando en esto y apretando el paso, en un momento se encontró en la casa.
En efecto, numerosas rondas dirigidas por un alcalde ocupaban el edificio, y en nombre del virey practicaban el mas escrupuloso registro.