El Arzobispo se preparaba en la noche para salir en busca del inquisidor mayor Don Juan Gutierrez Flores, cuando éste se hizo anunciar en el Arzobispado.
El prelado vió como milagrosa su venida, saludáronse cortesmente, y el Arzobispo entró en materia temeroso de que álguien llegase á interrumpirle.
—En busca de su señoría—dijo el prelado—iba á salir en estos momentos, que le necesito á su señoría para el empeño de unos mis servidores, á quienes trato de favorecer en un negocio.
—Su Ilustrísima debe estar satisfecho—contestó el inquisidor—que es para mí buena ocasion toda la que sea de servirle.
—Se trata—dijo el Arzobispo—de suplicar á su señoría, en favor de dos jóvenes, negra una y muda la otra, que segun he sabido por sus maridos están en las cárceles del Santo Oficio, por haber dado asilo á Sor Blanca, la monja prófuga del convento de Santa Teresa.
—¿Y qué deseaba Su Ilustrísima, respecto de esas dos mugeres?
—Aun cuando yo no las conozco, pero hánme servido muy bien sus maridos, y con verdadero riesgo de sus vidas, que son ellos quienes positivamente han sostenido á la Iglesia contra los desmanes del marqués de Gelves.
—Méritos grandes, en verdad—contestó hipócritamente el inquisidor—y en cuanto valga mi humilde persona con Su Majestad, que Dios guarde, me empeñaré, si así lo dispone su señoría Ilustrísima, porque á esos dos hombres se les premie como merecen; pero respecto á las mugeres, aunque de riguroso secreto son las causas que están sometidas á nuestro conocimiento, por respeto y atencion al carácter de su señoría Ilustrísima, le descubriré que no es tan sencilla la acusacion que pesa sobre esas dos mugeres.
—¿De qué se las acusa pues?
—En cuanto á la negrilla, es seguro que no solo prestó auxilio á la llamada Sor Blanca, sino que ha sido el principal agente y cómplice en el sacrílego matrimonio que celebró ella con Don Cesar de Villaclara; de tal manera que esa consideracion sola podrá convencer á Su Ilustrísima de que no es fácil, aunque se deseara, concederle su libertad. En cuanto á la otra, es decir la muda, esa sí efectivamente no hizo sino dar entrada en su casa á Sor Blanca sin conocer sus antecedentes, y ya despues de celebrado el matrimonio sacrílego.