—Estraño es—la dijo sin saludar—que á esta hora aun no os hayais recogido.
—Rezaba—contestó Doña Blanca tímidamente.
—Horas son estas en que solo las monjas rezan. ¿Os sentis acaso con la vocacion necesaria?
—Yo.........
—Doña Blanca, supongo que no habreis olvidado que os he encontrado fuera de la casa, de donde sin mi permiso habeis osado salir.
—Deseaba ver á mi madrina Doña Beatriz.
—Aun cuando así fuese, esto no volverá á repetirse, os lo advierto.
—Lo prometo.
—Podeis prometerlo ó no, que de mi cuenta corre el impedirlo; desde hoy no saldreis de este aposento, ¿lo entendeis?
—Sí.