D. Carlos.—¡Callad!

D.ª Sol.—Un paso y todo acaba.

D. Carlos.—Señora, ya que á tal extremo reducís mi bondad, sabed que para obligaros tengo ahí tres hombres de mi séquito.

Hernani (Surgiendo á su espalda.)—Habéis olvidado uno.

(Vuélvese el rey y ve á Hernani con los brazos cruzados bajo su larga capa y con el ala del sombrero levantada. Sol da un grito y corre á abrazarle.)

ESCENA III

DON CARLOS, DOÑA SOL, HERNANI

Hernani.—¡Oh! El cielo me es testigo que hubiera ido de buen grado á buscarlo más lejos.

D.ª Sol.—Hernani, sálvame.

Hernani.—Cálmate, vida mía.