D. Carlos.—Bien. Desde hoy os tengo por rebelde y traidor. Por todas partes he de perseguiros. Estáis avisado. Voy á decretar vuestra proscripción del reino.

Hernani.—Ya está decretada.

D. Carlos.—Otra vez más.

Hernani.—Por fortuna, Francia está cerca y me servirá de asilo.

D. Carlos.—Voy á ser emperador de Alemania y quedaréis proscrito del imperio.

Hernani.—Me queda el resto del mundo, para seguir odiándote.

D. Carlos.—¿Y si fuera mío el mundo?

Hernani.—Entonces... entonces me quedaría la tumba.

D. Carlos.—Bien, yo sabré desbaratar tus maquinaciones insolentes y rebeldes.

Hernani.—La venganza es coja y llega á paso lento; pero llega.