El paje.—Señor, un peregrino espera á la puerta pidiendo hospitalidad.
D. Ruy.—Quien quiera que sea, la ventura entra en la casa con el forastero que en ella se recibe. Que éntre, pues. ¿Hay algunas noticias de afuera? ¿Qué se dice del capitán de bandoleros proscrito?
El paje.—Todo acabó para Hernani, el león de la montaña.
D.ª Sol (Aparte.)—¡Dios mío!
D. Ruy.—¿Cómo?
El paje.—La partida ha sido derrotada. Dicen que el mismo rey se puso al frente de la tropa que salió en persecución de los bandidos. La cabeza de Hernani vale por el momento mil escudos; pero se dice que ha muerto en la refriega.
D.ª Sol (Aparte.)—¡Sin mí! ¡Pobre Hernani!
D. Ruy.—¡Gracias á Dios! Por fin murió el rebelde. Ahora podemos alegrarnos sin peligro, hija mía. El bandido murió. Ea, vé á ataviarte, amor mío, mi orgullo. ¡Hoy doble fiesta! Vé, vé á vestirte.
D.ª Sol (Aparte.)—De luto, ¡ay de mí!
(Sale.)