D. Ruy.—¡Qué locura! Estáis sin duda loco, huésped mío.

Hernani.—Vuestro huésped es un bandido.

D.ª Sol.—No, no le escuchéis.

Hernani.—Dicho está.

D. Ruy.—¡Mil carlos de oro! Tan fuerte es la suma que no respondo de todos mis criados.

Hernani.—Me basta uno solo. Delatadme, entregadme.

D. Ruy.—Callad, callad, no sea que os cojan la palabra.

Hernani.—La ocasión es propicia. Os aseguro que soy el proscrito, el rebelde Hernani.

D. Ruy.—Callad.

Hernani.—¡Hernani!