(Sale el paje.)
D.ª Sol.—¡Está perdido!
(Don Ruy va á un cuadro, que es su propio retrato y el último á la izquierda, toca un resorte, y se abre una puerta dejando ver un escondrijo practicado en el muro. Luégo se vuelve á Hernani.)
D. Ruy.—Entrad aquí.
Hernani.—Mi cabeza es vuestra. Entregádsela, señor: estoy dispuesto á morir.
(Entra en el escondrijo y vuelve á cerrar don Ruy.)
D.ª Sol (Al duque.)—¡Señor, piedad para él!
El paje (Volviendo.)—¡El Rey!
(Sol se baja precipitadamente el velo. Ábrese de par en par la puerta del fondo, y entra don Carlos de punta en blanco, seguido de multitud de caballeros y demás gente de guerra.)