Prefacio


Por si acaso alguno recordase una novela al escuchar una ópera, el autor cree de su deber anunciar al público que para introducir en la perspectiva particular de una escena lírica alguna cosa del drama que sirve de base al libro titulado Nuestra Señora de París, ha sido necesario modificar diversamente tan pronto la acción como los caracteres. El de Febo de Châteaupers, por ejemplo, es uno de aquellos que han debido alterarse, haciéndose necesario también otro desenlace. Por lo demás, aunque el autor se haya desviado lo menos posible, y sólo cuando la música lo exigía, de ciertas condiciones indispensables, á su modo de ver, en toda obra pequeña ó grande, no entiende ofrecer aquí á los lectores, ó mejor dicho á los oyentes, sino un bosquejo de ópera más ó menos bien dispuesto para que la obra musical se sobreponga felizmente, un libreto puro y sencillo, cuya publicación se explica por un uso imperioso. En esto no puede ver más que una trama de aquellas que siempre ganarán ocultándose bajo ese rico y deslumbrador bordado que llaman la música.

El autor supone, pues, si por casualidad se ocupan de este libreto, que un opúsculo tan especial no se podría juzgar en ningún caso de por sí, abstracción hecha de las necesidades musicales á que el poeta ha debido someterse, y que en la ópera tienen siempre derecho de prevalecer. Prescindiendo de todo lo demás, ruega con instancia al lector que no vea en estas líneas sino lo que contienen, es decir, su pensamiento personal en este libreto en particular, y no un desdén injusto y de mal género á esa especie de poemas en general, y al establecimiento magnífico en que se representan. El autor, que no es nada, recordaría, en caso necesario, á los que ocupan más alta posición, que nadie tiene derecho para despreciar, aunque fuese bajo el punto de vista literario, una escena como ésta. No olvidemos que, sin contar los poetas, este Real Teatro ha recibido en ciertas ocasiones ilustres visitantes. En 1671 se representó con toda la pompa de la escena lírica una tragedia-baile titulada «Psiquis», cuyo libreto era de dos autores: el uno se llamaba Poquelin de Molière y el otro Pedro Corneille.

14 Noviembre 1835.


La Esmeralda