(Separándose de la puerta.) ¡Oh, qué voz tan dolorida! ¡Cómo sabe sufrir! ¡Atormentarle de ese modo tan horrible a él, tan compasivo, tan generoso, tan bueno!... ¿Y le destrozan las sienes con puntas de acero? ¡Qué horror! ¿Y son seres humanos los que hacen tales infamias con un semejante suyo? ¿Y ese hombre lo ordena fríamente (Mirando a Scarpia.) y aspira con voluptuosidad de tigre el olor de la sangre?
Scarpia
(Sonriéndose de un modo siniestro.) Todos esos son acentos dramáticos, desplantes de trágica, buenos a lo sumo para las tablas de un escenario... Mi felicitación más sincera. (Acercándose a Floria.) Pero, hablemos en serio... Ya lo habéis oído... El caballero acaba de decirlo. «El valor no me faltará.» Eso significa que está decidido a no pronunciar una palabra, ni de grado ni por fuerza.
Floria
¡Antes le arrancarán el alma!
Scarpia
Supongo que no habrá necesidad de llegar hasta ese extremo.
Floria
Pues entonces, señor barón, disponed que le pongan en libertad ahora mismo. Porque no dirá nada. Yo lo afirmo. Ya se acabó... ¿no es cierto?
Scarpia