Mario
(Despertándose.) ¿Eh? ¿Que hay? ¡Ah! ¿Sois vos?... ¡Dormía de una manera tan agradable!... Llegó el momento. ¿No es eso? ¿Venís a poner fin a este hermoso sueño para anunciarme que voy a entrar en el otro, en aquel otro que no concluye nunca?
Colometti
Os equivocáis. Vengo a deciros que está ahí una persona que quiere hablaros. (Se acerca hacia la puerta de entrada, que permanece abierta.)
Mario
(Deteniéndole.) Aguardad. Si es alguno de esos frailes que pretenden hacerme implorar la misericordia divina por haber intentado salvar la vida de un fugitivo, decidle de mi parte que se vaya, que no quiero verle. Sí, yo os ruego que me libréis de la presencia de esas gentes y de sus cánticos lúgubres. La muerte es ya harto desagradable por sí misma para ennegrecerla aún más con la tristeza que infunden en el ánimo semejantes ceremonias. (Vuelve a recostarse como para dormir de nuevo.)
Colometti
No es eso. Los religiosos se han retirado ya por orden de su excelencia. La persona que desea entrar es una persona de vuestro agrado.
Mario
(Vivamente.) ¿Floria?