No me gusta que pintes mujeres tan bellas.
Mario
(Riéndose.) ¿Vas a tener celos de las mujeres que dibujo en los cuadros como si fueran de carne y hueso?
Floria
¿Y por qué no? ¿Crees que no sé lo que ocurre entre el artista y las figuras que traza con sus pinceles? Cuando pintas unos ojos hermosos, te extasías contemplándolos; cuando dibujas unos labios que incitan al beso, gozas, admirándolos, y te recreas en la hermosura del rostro trazado por tu misma mano, en un momento de inspiración.
Mario
(Riéndose.) Es gracioso. Graciosísimo. (Poniéndose a trabajar.)
Floria
Y pienso, a veces, que tus contemplaciones más apasionadas, son para las figuras a las cuales das vida con tu arte. (Se sube al andamio y contempla el cuadro.) ¡A ver! Déjame contemplar a tu Magdalena. (Pausa.) Sí, no hay duda; esos cabellos rubios y esos ojos grises azulados, me recuerdan los de alguna mujer a quien conozco. Juraría haberlos visto muchas veces.
Mario