Mario
Un viejo pozo, de la antigua aldea. Mi antepasado, tratando de cegarle, encontró a doce pies del suelo, entre la pared, una especie de covacha en la cual no se podía entrar sino arrastrándose, pero después el agujero se ensanchaba bastante hasta el punto de poder estar en él un hombre cómodamente sentado. Cavaradossi se guardó bien de destruir esta galería subterránea; al contrario, la hizo limpiar, porque en un país como el nuestro siempre es conveniente tener un sitio secreto donde refugiarse. Yo lo he visitado muchas veces deslizándome por el pozo que está oculto por la maleza, y por los cipreses. Ya veis, amigo mío, que aún puedo ofreceros asilo más seguro que mi casa.
Angelotti
No sé como expresaros mi gratitud. Hace aún pocas horas, no me conocíais siquiera y ahora encuentro en vos la ayuda y la protección que pudiera esperar de un hermano.
Mario
Tengo en ello mucho gusto... Además, soy por naturaleza arriesgado y las aventuras peligrosas me divierten.
Angelotti
¡Corazón generoso! (Dándole la mano.) Demasiado sabéis que al protegerme y ampararme en mi huida, arriesgáis vuestra propia existencia.
Mario
¡Bah, bah! ¿Quién se acuerda de eso? La partida está empeñada y hay que jugarla hasta el fin. Pensemos, pues, en los recursos que hay que poner en práctica para libraros de las garras de vuestros perseguidores. Scarpia habrá mandado a estas horas a todos sus sabuesos en persecución vuestra, las puertas de la ciudad estarán también muy vigiladas, de manera que no se me ocurre más que un solo medio de salvación. ¿Sois buen nadador?