Este hijo tu piedad le restituya.
¡Oh! cese tu rencor; ¡Lavinia es tuya!»
CXCIII.
Paróse armado el héroe encrudecido,
Y revolviendo los ardientes ojos
La diestra reprimió: ya del rendido
El discurso amansaba sus enojos,
Cuando el infausto talabarte vido
De Palante asomar, ricos despojos
Que echó sobre sus hombros Turno ufano,