¡Ser de Enéas vencida!... ¡Aun no desmayo!

Ajena mano, si en la lid flaqueo,

Irá á encender de mi venganza el rayo;

Y si el Cielo á mover mi voz no alcanza,

Empeñaré al Averno en mi venganza!

LXIII.

»No ya el imperio del país latino,

Ni de Lavinia la ofrecida mano

(Si así inflexible lo ordenó el destino),

Quitar pretendo al príncipe troyano.