Hierba sanar la inevitable herida
Si en Marsos montes se buscase adrede.
El bosque te lloró que Anguicia cuida,
Y las diáfanas olas de Fucino;
Vivos lagos lloraron tu destino.
CLIII.
Luégo, prole de Hipólito, dechado
Llegó, Virbio, de garbo y lozanía:
Con la prístina gloria señalado
Materna Aricia á pelear le envía