Hidra, al sitiarte con cabezas ciento.

¡Salve, prole de Jove verdadera!

¡Al coro divinal nuevo ornamento!

A los tuyos, aquí, y al sacrificio

Vén con fáciles pasos, vén propicio.»

LX.

Cantaba el coro así: la áspera roca

De Caco, en fin, su lóbrega guarida

Conmemora, y al monstruo, por la boca

Fuego arrojando, aliento de su vida.