Balan bajo las madres los corderos;

Él ruje, y ya en su presa, áun no tocada,

Ceba sus apetitos carniceros;

Que el hambre acumulada le atormenta

Y arde, áridas sus fauces, sed sangrienta:

XIV.

El Rútulo adalid, de igual manera,

Mirando los rëales y los muros

En ímpetu fogoso se exaspera,

Derrítele el dolor los huesos duros: