En alas desplegados los jinetes.

LXXVIII.

Selva de encinas negras y jarales

Tendíase ancha allí, de agrios abrojos

Ceñida, y de espesísimos breñales:

Rara trillada senda ven los ojos

En medio de sus calles naturales.

Euríalo, á quien pesan sus despojos,

Y los ramos asombran del recinto,

Piérdese en el confuso laberinto.