«¡Euríalo infeliz! ¡yo te he dejado!

¿Por dónde, ¡ay triste! he de seguirte ahora?

¿Dónde hallarte?» Y con rumbo retrogrado

Otra vez de la selva engañadora

Intríncase en el seno enmarañado;

Sus propias huellas afligido explora,

Y entre las matas ásperas camina

En que silencio funeral domina.

LXXXI.

Caballos siente, oye el tropel, escucha