Turno, no sin que él mismo armado vaya,
Cual suele, de los piés á la cabeza,
Al arma á todos á llamar empieza.
XCVI.
Á su voz cada jefe sus legiones
Ferradas, en batalla ordena: ceban
La rabia vomitando maldiciones;
¿Qué más? en astas que en el aire elevan,
De los dos degollados campeones
Los rostros clavan, y, á doquier los muevan,