Horribles con la sangre y blanco á insultos!

XCVIII.

Alada en la ciudad la fama rueda,

Y á la madre de Euríalo al oido

Tristes cosas murmura. Ella se queda

Pálida, sin calor y sin sentido:

Va la aguja á los piés, se desenreda

Cayendo de las manos el tejido.

Mesando luégo la melena blanca

Altos gemidos de su pecho arranca;