Que no paró sin que con ancha herida

Las impubes quijadas le divida.

CLVII.

Cae el jayan; y el suelo en són profundo

Treme, no acostumbrado á golpes tales.

Con sangre y sesos el arnes inmundo

Tiende en tierra, y á par descomunales

Sus miembros, el coloso moribundo;

A hierro en partes dividida iguales

Cuélgale la cabeza á entrambos lados;