¡Ved! con todas sus armas de repente,

Como último arranque de su brío,

Arrójase á las aguas. Blandamente

En su rojo regazo el sacro rio

Recíbele, y sumido en su corriente,

Sangre, polvo y sudor le lava pio,

Y devuélvele en ondas sosegadas

Hermoso de su gente á las miradas.

LIBRO DÉCIMO.

I.