¡Ved! con todas sus armas de repente,
Como último arranque de su brío,
Arrójase á las aguas. Blandamente
En su rojo regazo el sacro rio
Recíbele, y sumido en su corriente,
Sangre, polvo y sudor le lava pio,
Y devuélvele en ondas sosegadas
Hermoso de su gente á las miradas.