Pues rodó tu cabeza por los suelos,

¡Oh Timbro! y dueño busca en tí, Laride,

Semiviva tu diestra cercenada,

Y áun los dedos crispando, ase la espada.

LXXXVI.

Sigue Palante, y penetrando el viento

Con un fiero lanzon que á Ilo dispara,

Clava á Reteo, que á la fuga atento

Su carro de dos potros alanzara

En medio á éste y aquél. Por un momento