«¡Padre Tibre!» murmura, «porque hiera

Al duro Haleso el corazon, envío

Esta arma voladora: en su carrera

Tú concede fortuna al hierro mio,

Y colgaré á una encina en tu ribera

El despojo marcial.» Oyóle el rio;

Y Haleso, á punto en que á Imaon guarnece,

El pecho al golpe arcadio inerme ofrece.

XCII.

Al gran fracaso del sin par guerrero