Y á Palmo en su carrera fugitiva.

CXLIX.

No á estos dos de una suerte; que de roca

Con un pedazo enorme se adelanta

A Látago, y le aplasta rostro y boca;

Mas á Palmo una corva le quebranta,

Y déjale arrastrar, miéntras coloca

La ganada armadura, que levanta,

En los hombros á Lauso, y en la frente

El creston del rendido combatiente.