En gran lamentacion hiérense el pecho,

Y suena con el llanto el regio techo.

IX.

Él, viendo de Palante sostenida

La frente, y blanco el rostro á par de muerte

Y en aquel pecho hermoso la ancha herida

Que ausonia lanza abriera, y sin que acierte

El llanto á contener, «¿Tú aquí sin vida,»

Clama, «amigo infeliz? Cuando la suerte

Más propicia á mis armas sonreia,