En dedicarle á Febo holgóse un dia
No bien le halló, cuando en el campo llano
Echaba á sus alcázares cimiento;
Y de ahí á la ciudad nombró Laurento.
XIV.
Hé aquí, de este árbol á ocupar la cima,
Mil abejas bajaron de repente,
Y, por los piés trabadas, se arracima
El ruidoso tropel, y así pendiente
Quedó de un ramo. «Á nuestra costa arrima