No recibió jamás de lucha alguna,
Ni las armas depone, aunque enemiga
Redoble adversos golpes la Fortuna.
Nadie en extraños esperando siga;
Faltónos la alïanza del Etolo:
Cada cual en sí mismo espere sólo.
LXV.
»Dicho está, ciudadanos, cuánto sea
Esta esperanza individual mezquina;
¿Mas quién hay que no palpe luégo y vea