Fijan de su señora en el semblante

Ojos y mente. Ella saber no pudo

De viento, silbo, ni asta amenazante,

¡Ay! hasta que llegó bajo el desnudo

Izquierdo pecho á hincarse el hierro aleve,

Y la virgínea sangre entrando bebe.

CLXV.

A recibir acuden á porfía

A la Reina temblando sus doncellas.

Con mezcla de terror y de alegría