Dardo rompiendo que llevó prendido,

Da con labio sangriento un gran rugido:

III.

No de otra suerte el fuego de venganza

En el alma de Turno se acrecienta.

Va luégo á hablar al Rey, sin que templanza

Sufra en el tono su pasion violenta:

«¡Señor!» dícele, «en Turno no hay tardanza,

Ni hay por qué de lo dicho se arrepienta

El vil Dardanio ó lo pactado altere;