Vuelven los ojos hácia el sol naciente:
La mola esparcen, con el hierro siegan
En la testa á la víctima presente
Breves mechones que á la llama entregan,
Y las tazas alzando juntamente
Con el sacro licor las aras riegan.
Empuña Enéas el desnudo acero,
Y así sus preces pronunció el primero:
XXXVII.
«¡Sol! ¡de mi juramento sé testigo!