De acá y de allá á la pierna sobrelaza

Las grebas de oro, él mismo; ase impaciente

De la fulmínea lanza, la coraza

Viste, toma el broquel resplandeciente;

Y las armas tendiendo en torno, abraza

Y fugaz por el yelmo besa al hijo:

«De mí firme virtud, teson prolijo,

LXXXVIII.

»Quiero que aprendas; de dichosa suerte

Otros,» le dice, «te darán lecciones.