»A la Reina, por tí tan decidida,

A caso extremo sus terrores mueven;

¡Ay! ¡por su mano se quitó la vida!

Bajo las puertas á arrostrar se atreven

Sólo Atina y Mesapo la embestida.

De un lado y otro los contrarios llueven.

Tantas puntas esgrime la enemiga

Hueste, que miés ferrada el campo espiga.

CXXXVII.

»¡Y á este tiempo en el más remoto prado