XCI.

»¡Acuérdete la veste que te ciño
»De Andrómaca el amor, de Héctor esposa!
»¡Postrer dón de los tuyos lleva, oh niño,
»Tú, única imágen de mi prenda hermosa!
»En ti me representa mi cariño
»Sus ojos, su ademan, su habla amorosa:
»Hoy podria vivir; hoy si viviera,
»A par contigo florecer le viera!»

XCII.

»¡Yo gimiendo les daba adioses tales:
«¡Oh! ¡dichosos quedad, pues la fortuna
»Fijasteis! ¡Arrostramos temporales
»Nosotros: vos no hendeis ola importuna
»Ni á playas vais que os huyan desleales!
»La paz se os concedió. De un Janto y una
»Troya gozais que hicieron vuestras manos:
»¡Así auspicios la quepan más humanos!

XCIII.

»¡Así los Griegos la atalayen ménos!
»Si al Tibre arribo y campos comarcanos
»Que hace del Tibre la corriente amenos,
»Y alzo el muro que espero á mis Troyanos,
»Lacio y Epiro, de recuerdos llenos,
»Sólo una Troya compondrán hermanos:
»Tales el Cielo cumpla nuestros votos;
»Tal gocen nuestros nietos más remotos!»

XCIV.

»De allí hácia los Ceraunios, desde donde
Puede á Italia pasarse sin fatiga,
Navegámos. En tanto, el sol se esconde,
Y la sombra los montes cubre amiga.
Ya en tierra, á qué remeros corresponde
Velar, hacemos que la suerte diga;
Solaz cobramos en orilla grata,
Y manso el sueño nuestros miembros ata.

XCV.

»La noche áun no mediaba su carrera
De las horas llevada, y Palinuro
Ya se alza, y á la brisa más ligera
Oidos tiende entre el silencio oscuro:
De una ojeada al rodear la esfera,
Ve en paz los astros declinar; ve á Arturo,
Y las Híadas tristes y las Osas,
Y áureo con armas Orïon lumbrosas.