UNA ESTANCIA MODERNA

Nuestra excursión a través de los grandes establecimientos pecuarios del Norte, la iniciamos por la Gwenita, de don Federico W., a seis leguas de General Pico. Va en nuestra compañía, un veterinario del Departamento Nacional de Ganadería, y cuyo tecnicismo profesional contribuye muy eficazmente a facilitar nuestra tarea investigativa.

Es bello el conjunto de la estancia, con edificios cómodos y arbolados elegantes y tupidos. Cruzamos la tranquera de servicio y vamos a detener nuestro auto frente al galpón de los aperos, donde el señor Ff., el principal, departe con el mecánico del establecimiento. El señor F., tipo adusto, nos recibe con dosificada discreción, casi con sequedad. Ya veníamos olfateando un poco de excentricismo en la mansión: primero, cuando quisimos franquear la avenida, limpia y ensombreada, y un zagal nos cortó el paso. “¡Vaya—pensamos, para nuestro fuero íntimo—la escalera de honor de la Opera de París!"... Y buscamos el rodeo, junto a las cuadras—la gatera, como quien dice—para llegar al administrador. Luego, el mismo nombre del establecimiento, completaba su nota de rareza: La Gwenita. ¿Qué quiere decir La Gwenita? Nada. Ni en inglés, ni en criollo... Después el señor Ff. entra por fin en juego. Se abre, como quien dice. Pone en su expresión un poco de amabilidad, tal vez una sonrisa. Se sienta sobre el escritorio para darnos algunos informes. Nosotros trepamos el pie sobre la silla, para recogerlos campechanamente en nuestro cuaderno de apuntes. No se puede pedir más francachela en esta inocente pampasia, enclavada en el corazón de “South América"...

Después hemos sabido que bajo este temperamento aparentemente hosco y retraído, se oculta un “gentleman”, humorista, inteligente y mordaz, epigramático más que aticista, supuesto que no le ayuda el idioma. Hasta nosotros ha llegado esta anécdota de corrillos:

Un amigo le dice al señor Ff.:

—¿No le parece, señor Ff., que la Pampa debe ser declarada provincia? Un territorio tan rico...

El señor Ff., como buen súbdito británico, sabedor de que “las colonias son siempre las colonias”, responde:

—Lo que yo crrrreo que necesita la Pampa es un tirano... ¡qué caramba!

—Pero un territorio tan rico, tan grande...

—Bueno: si es tan grande, métale dos tiranos.