—Sería muy buena su implantación en la Pampa—nos responde.—Pero en la Pampa no se podría aplicar el “homestead” por falta de tierra pública. Apenas quedan al Estado algunos lotes en la parte oeste y sudoeste, donde no ha llegado la agricultura todavía. Lo que podría hacerse, en caso de legislación, sería expropiar...
—¿Y cuál es el valor de la tierra?
—En los alrededores de Santa Rosa, el campo virgen, monte sucio o rastrojo, tiene precios entre 100 y 150 pesos. Al sur, hasta General Acha, a ambos lados del ferrocarril Pacífico, puede valer 60. Donde los campos han alcanzado precios excepcionales es en la zona pastoril de Pico. Allí las tierras alfalfadas pueden valer hasta 500 y 600 pesos la hectárea.
Nuestra interlocución se extiende alrededor de diversos temas, mostrándosenos el gobernante como un observador sagaz. Para él, en la zona sur de la Pampa hay pocos agricultores de profesión. Son sembradores los más. No es la primera vez que oímos este concepto que define una colonización ambulatoria. Fuertes comerciantes del sur—sobre todo de la zona tributaria de Bahía Blanca—opinan lo mismo. Esto se debe, creemos nosotros, al temperamento ancestral de ciertos núcleos de población. Ya lo decimos por ahí en un capítulo referente a los rusos de Doblas y Rivera, procedentes de la región de Odessa, comparados con sus connacionales de otras latitudes. Sin duda alguna, las pampas del sur están más retrasadas que las del norte. Los centros coloniales suelen, por mayoría de nacionalidad, imponerse, no sólo en la vida urbana si no hasta en las orientaciones de la instrucción pública. En Villa Alba, por ejemplo, población en la que predomina el elemento ruso judío, el carnicero criollo no puede faenar sin que mate sus reses el rabí, de acuerdo con sus ritos. En otra forma caería bajo el “boycott” de la colectividad y se vería obligado a levantar su tienda. Hay un egoísmo recalcitrante en todas sus ceremonias, reflejo de la necesidad instintiva de defenderse en tierra extraña y con lengua y religión, extrañas también. Por lo menos queremos, por tolerancia, imaginarlo así.
Nos interesa conocer las relaciones policiales con la provincia de Buenos Aires. Ese meridiano quinto, que separa la provincia del territorio, se nos antoja como los burladeros de las plazas taurinas, usados por los matadores para zafar a las furias del toro. Hemos pensado que la delincuencia puede escurrirse allí por arte de tramoyar. El gobernador nos hace notar, efectivamente, que la policía del territorio tropieza con sus dificultades en aquella larga frontera, debido a las continuas incursiones del elemento maleante y a los robos de haciendas y carneadas a ambos lados de la línea divisoria, no muy abundantes pero no por eso menos atrevidos. Con policía escasa es imposible hacer proezas; y la consumación de estos hechos delictuosos no puede hablar en menoscabo ni del gobierno territorial, ni del jefe de policía.
VOCABULARIO
Aristocratización. Tomar el aspecto aristocrático.
Aluvión. (En sentido figurado). La corriente de nuevos pobladores.
Arborizada. Arbolada.
Ligustro. Arbusto de follaje perenne, muy usado para formar cercos vivos.