Cuando visitamos esta finca, encontramos a C. en la faena de arraigar un enjambre de abejas que se había asentado sobre una planta de membrillo. Su colmenar es modesto, muy modesto, construído toscamente de cajones. Pero esta iniciación, que se incorpora a la intensa labor de la propiedad, ha de ser industria lucrativa dentro de poco, dado el carácter técnico que piensa C. imprimirle a su apicultura. Recorriendo la huerta de frutales, nos invade el recuerdo de La Vegetariana, aquella finquita de Astorga, en Guaymallén, también de cinco hectáreas, trabajada intensivamente, con rendimientos de quince hectáreas merced a la distribución de sus plantíos: los frutales, alineados, sirviendo de rodrigones al parral; y entre los camellones, de fila a fila, las acelgas, las cebollas, los tomates, toda la variedad hortícola, base de su apostolado y su alimentación.

No entramos en las interioridades de la casita del colono, pero tenemos la certeza de que reina la felicidad dentro de aquellas paredes humildes. Hay alegría en el solar. La obra de este hombre diligente ha sabido hacer un paraíso de aquella lengüita de tierra, adherida al canal como pidiendo una caricia a sus aguas. Y no sólo suponemos bienandanza en el hogar; suponemos holganza económica y sospechamos hasta los ahorrillos previsores que darán más tarde a este granjero fuerzas vitales para afrontar empresas mayores. Ya en Neuquen, encontramos otro colono—un valenciano—digno de tomarse como modelo de agricultor intensivo. Pero en el caso de C., se une la labor del labriego al tecnicismo del arboricultor, al tino del granjero inteligente que distribuye su labor diaria entre sus plantas, a pleno sol, y el libro de consulta; que pone sobre la rutina una nota cultural propia, sustantiva y quizá trascendental para la comarca.

Recorremos la finca. Con toda buena voluntad nos asesora C. sobre el resultado de sus experimentos. Su obsesión, su pesadilla es, hoy por hoy, el pulgón lanígero que ataca sus manzanos. Regresamos luego a su casita. Mientras reposamos a la sombra de un sauce, su esposa nos obsequia con un plato de frambuesas frescas con vino y azúcar, delicioso y sencillo manjar que no habíamos probado nunca...

VOCABULARIO

Incuria. Abandono, descuido.

Incipiente. Que comienza.

Aluvional. De “aluvión”: terreno formado por la acumulación de cieno, arena, etc., después de las avenidas.

Conglomerado. Mezcla.

Discrecional. A discreción, a voluntad.

Mediocridad. Calidad mediana.