El administrador general de la colonia, esboza someramente la biografía del barón de Hirsch y nos da algunos detalles sobre la iniciación de la obra humanista de este hombre superior.
—El barón de Hirsch—nos dice—fué una figura excepcional que dedicó toda su existencia a mejorar la situación de los hijos de Israel. Dotado de una clara inteligencia y poseedor de una gran fortuna heredada de su abuela paterna y acrecentada con el patrimonio de su esposa, se inició en la vida de las grandes obras con la construcción de ferrocarriles en Australia, los Balcanes y Rusia. La idea de unir la Europa oriental con el lejano occidente por medio del ferrocarril, no gozaba, en Europa, de auspicios ni entre los gobiernos ni entre la banca y los hombres de empresa. El barón de Hirsch, contra viento y marea, llevó adelante su propósito civilizador. Y fué éste su primer gran éxito financiero, en contraposición al pesimismo ambiente y a la incredulidad de los hombres que parecía uniformada contra su decisión.
La dirección personal de estas grandes obras, le dió motivo para compenetrarse de las condiciones lamentables en que vivían los israelitas de oriente, debido, en primer término, a la falta de instrucción y de una orientación levantada y patriótica para ganarse la vida. Sus sentimientos altruístas le llevan a cooperar en forma eficiente en el sostenimiento de la Alliance Israelita Universelle, poniendo a disposición de esta entidad una suma considerable, cosa de extender su radio de acción en toda la Turquía europea. En 1873 dió un millón de francos a la Alliance para creación de escuelas; y a partir del 80, hasta su muerte, tomó a su cargo la obligación de cubrir su déficit anual que sumaba centenares de miles de francos. Y no contento con estos valiosos desprendimientos, durante la guerra ruso-turca estableció hospitales para ambos ejércitos, sufragando los gastos de sostén y entregando al propio tiempo, a la emperatríz de Rusia, 40.000 libras esterlinas con fines humanitarios.
Los padecimientos de los israelitas en Rusia, privados de derechos políticos y hasta civiles, mucho más lamentables que los de los judíos en Galitzia, Turquía y los Balcanes, le inspiraron un proyecto tendiente a mejorar sus condiciones de vida. Su propósito era favorecer a los israelitas con disposiciones adoptadas en Rusia mismo, sin tener que adoptar el medio extremo de la emigración. Pero el gobierno ruso, celoso de sus leyes dictatoriales, no quiso admitir la generosa oferta que alcanzaba a 80.000.000 de francos con destino a propósitos educacionales. Sólo con la facultad exclusiva del empleo y control de esta suma, recibía el gobierno el donativo, lo que no pudo ser aceptado por ningún concepto. Frustrada tan noble tentativa, se dió cuenta Hirsch que el único plan factible para ayudar a los israelitas rusos era sobre la base de la emigración. De ahí nació la asociación internacional constituída bajo las leyes inglesas y denominada Jewish Colonization Association.
Conviene conocer por boca de su mismo gestor los propósitos básicos de esta asociación: “Facilitar y promover la emigración de los israelitas de todos los países de Europa y Asia—había dicho el barón de Hirsch,—y especialmente de aquellos países donde fueran o pudieran ser sometidos a gabelas especiales, inhabilitaciones políticas u otras arbitrariedades, a cualquier otra parte del mundo. Fundar y establecer colonias en varios países del norte y sur América y otros países también, con fines agrícolas y comerciales".
Constituída la asociación, dirige el barón Hirsch un llamamiento a los israelitas de Rusia, instándoles a aceptar esta emigración forzosa para sus destinos y su mejoramiento. Y—cosa rara—el mismo gobierno de Rusia, que rechazara su oferta años antes, le prestó su contingente para organizar su sistema de emigración. Se inicia un comité central en Petrogrado y más tarde, en pleno auge la Jewish Colonization Association, se organiza la junta central definitiva en París, compuesta por personajes de respetabilidad de diversas naciones, judíos de Alemania, Francia, Inglaterra y Bélgica.
Esta es, a grandes rasgos la obra capital de este gran benefactor—termina nuestro informante—para quien “los cuarenta años del desierto”, de que nos habla la Escritura, si no podían ser eludidos, por lo menos podían ser abreviados. Para el mejor recuerdo de su obra dedicada al bien y al perfeccionamiento, no puede otra frase ser más consagratoria que su propia expresión, cuando contestaba un mensaje de pésame por la muerte de su hijo:
—He perdido a mi hijo, mas no a mi heredero. La humanidad recibirá mi herencia.
VOCABULARIO
Jewish Colonization Association. Nombre inglés de la “Sociedad Judía (o más bien, hebrea) de Colonización". Pronúnciase: yeuish coloniséchion asosiéson.