—Es ardua la tarea que nos hemos impuesto; pero hay necesidad de enseñarle al colono que debe buscar su tranquilidad con la chacra combinada. Variar los cultivos, cosa de no exponerse a los fracasos, es una precaución fundamental. Y si a esto agrega la necesidad de no descuidar la ganadería y criar unas pocas vacas u ovejas, el colono se pone a recaudo de la miseria. Si cada familia de colono arrendatario, logra dedicar su atención a un hato de vacas, diez o quince aunque sean, sume usted el incremento ganadero, que en conjunto puede tomar la región. Esto, amén de otras especulaciones caseras: la cría de cerdos y de aves, por ejemplo, que traen aparejados los cultivos hortícolos y que suponen un perfeccionamiento en la vida rural.
El ingeniero agrónomo con asiento en la zona sur de la Pampa y que es un observador sagaz y tiene ingerencia en el desarrollo de la Asociación de Fomento Agrícola, refuerza los argumentos del presidente de la institución, sobre la necesidad de mutualizar el esfuerzo agrícola. Para el señor agrónomo, es menester organizar un estudio prolijo sobre los factores que se oponen al arraigo del colono y resienten la selección. Opina con toda razón, cuando nos dice:
—Los rusos, que abundan tanto en la zona, no son agricultores de profesión. Su tendencia se orienta, casi siempre, en el sentido de ganar unos pesos y establecerse con algún negocio. Puede justificarse esta idiosincracia especial en diversos casos. En muchas colonias ocurre que la tierra está distribuída sin equidad, con respecto a sus condiciones productivas. No todas están bien ubicadas ni rinden con el mismo resultado. Esta circunstancia provoca el malestar en muchas familias y es por ello que el colono tiende a emigrar o a establecerse, aparte de los factores atávicos, que tendrán su influencia, pero que no es del caso profundizar. Hay que tener en cuenta que la colonización rusa en toda esta región, comprende, en Bernasconi, un 67% con respecto a la superficie cultivada y en Abramo un 56% con respecto a los arrendatarios.
Hace algún tiempo que en el cuarto departamento comenzó a producirse un éxodo de juventud moscovita. El agrónomo, deseoso de puntualizar esta emigración, que podía ser sintomática, abrió una encuesta.
—¿Por qué se van?—interrogó a los jóvenes rusos.
—Nos vamos, porque la tierra no produce...
Esta respuesta, muy generalizada, pudiera ser desconcertante. Pero, por suerte, una declaración fidedigna viene a poner en claro, la razón fundamental.
—Ellos se van—dice un joven de arraigo en Villa Alba—porque quieren independizarse, formar su hogar, salir de una vez de la tutela paterna.
Y dando fuerza a su tesis, se explaya en pormenores del hogar, las rencillas caseras, el desacuerdo entre padres e hijos y los disturbios de vecindad, sobre todo en las colonias donde se han establecido grupos de dos y tres casas juntas. Con estos antecedentes, la emigración tiene justificativo de carácter social pero no económico.